Si pasea por el centro histórico de Córdoba podrá observar que cada tres pasos puede sentarse en un bar de tapas en la Mezquita. Y pudiera parecer que esto es una tradición española inmemorial. Pero no es así. Las tapas y pinchos tienen su cronología bastante bien delimitada.

La tapa (lo que –según dicen los clásicos, no sabemos con qué fundamento– cubría el vaso de vino del ataque de las moscas) o el pincho (la banderilla de siempre: un palillo con alguna vianda ensartada, que de este modo se lleva a la boca sin emplear directamente los dedos ni precisar de un cubierto formal) no se funde con los usos nacionales hasta bien entrado el siglo XX. Como suena.

Antes, el tapeo en sentido amplio existía en Andalucía y la ronda de potes en Navarra o en Vizcaya o en Barcelona, pero de forma poco estructurada. Y, además, el concepto de tapa o pincho era distinto en Galicia, en Navarra, en Logroño, en Sevilla o en Castilla.
El devenir de la economía y el desmesurado culto gastronómico de las épocas de abundancia de nuestro país han hecho surgir la denominada cultura de la tapa como si se tratase de un renuevo de flor agostada que retorna a la vida. Mentirijillas interesadas, porque hay que hacer caja y porque quienes promulgan la oficialidad de la tapa como españolidad absoluta se aprovechan de la ignorancia general también para hacer caja y para protagonizar el devenir de una tendencia que la economía acabará dirigiendo de hecho. Mentirijillas que tienen su calado económico, pero falsedades al fin.

Como explica el estudioso Jorge Guitián, la palabra tapa no se encuentra documentada con el significado de aperitivo o tentempié hasta la primera parte del siglo XX, en la edición del Diccionario de la Real Academia de 1939. Ángel Muro, en su compendioso ‘Diccionario de Cocina’, editado por vez primera en 1892, no recoge la acepción antes de ese tiempo. En fin, la expresión pincho, para denominar a la banderilla de aperitivo, no tiene cabida en el Diccionario de la Real Academia hasta 1984.

Quizá la tapa se inició como costumbre socialmente relevante en Sevilla o alguna otra ciudad andaluza, expansionándose su patente hacia latitudes septentrionales, en función de la afición convivial de los españoles implicados y su poder adquisitivo. La variedad del pincho aparece probablemente en áreas septentrionales empleando productos en conserva que no requieren manipulación culinaria; basta el ensartado. En todo caso, principios del siglo XX.

Pero independientemente del origen de la tapa o pincho, está claro que es un concepto que está aquí para quedarse. Nadie puede negar que es un placer sentarse en un bar de tapas en la Mezquita, disfrutar de un buen vino y de siglos de historia alrededor.

Desde Taberna 101 Tapas estamos convencidos de que nuestra casa es la mejor elección para hacer un alto en el camino y disfrutar de un buen bar de tapas en la Mezquita. Nuestra variada carta de caldos y tapas, todas ellas elaboradas en la auténtica cocina tradicional cordobesa, y nuestra situación, frente a la calleja de las flores y a 20 metros de la Mezquita Catedral, le harán disfrutar de una de las zonas más antiguas y emblemáticas de la ciudad.